Naruto Shinobi Hope

Ficha para kenpach

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Ficha para kenpach

Mensaje por Universe el Dom Dic 27, 2015 1:42 pm


NOAH JOHNSON

the bloody wolf.

Edad:
» 21 años.

Sexo:
» Masculino.

Nacionalidad:
» Estadounidense.

Sexualidad:
» Heteroflexible.

Curso:
» Segundo año.

Fraternidad:
» Kappa Sigma.

» Procedencia:
Mukami Yuma; Diabolik Lovers.


____________________________


gustos.
» La mayoría de las veces prefiere estar solo que rodeado de gente.
» Las duchas frías por la mañana.
» El café amargo, sin azúcar.
» Siente una atracción importante por mujeres de buena estatura.
» Las matemáticas y todo aquello relacionado con números.
» Aprovecha mucho la vida nocturna que la ciudad ofrece.
» Le gusta el poco tiempo que pasa en su departamento. Es donde puede esconderse del mundo por un rato y estar tranquilo.
» La comida chatarra, sólo en ocasiones especiales.
» Uno de sus pasatiempos favoritos es predecir el desarrollo de la bolsa, y leer la sección de economía en los periódicos.
» El mar, a pesar de que las veces que lo ha visitado son contadas con una sola mano.
» Aunque no la coma seguido, la carne roja es su comida predilecta.
» Tampoco suele comer frutas y verduras, pero tiene un gran gusto por las manzanas, también rojas.
» Su método favorito para desplazarse es el transporte público.
» O bien dar una caminata.
» Le gusta ejercitarse con pesas y trabajo de fuerza, no así con ejercicios cardiovasculares, que no son buenos para él.
» Es muy hábil en los juegos de mesa, y por lo mismo le entretienen... cuando gana.


disgustos.
» Hay pocas cosas que le disgusten más que desperdiciar comida. Prefiere no tener comida en casa a esperar que se eche a perder por no comerla.
» Las armas de fuego. Le consta lo peligrosas que son.
» Odia depender del resto; evita tanto como puede deberle cosas a terceros.
» No tiene el más mínimo gusto ni por el arte ni por la literatura.
» A pesar de que es muy bueno cocinando, le desagrada hacerlo.
» El rencor contra su padre vive hasta el día de hoy. Mantiene muy poco contacto con él y aborrece la relación que tiene con su hermana.
» Le cuesta mucho estar cerca de niños o animales.
» Cuando está en sus períodos obsesivos más agudos, cree que su don para los números es más como una maldición.
» Las cosas demasiado dulces lo empalagan.
» Rehuye de las preguntas personales. Él no las hace, ¿por qué se las hacen a él?
» Escribir a mano; tiene una pésima ortografía y su letra es horrible, como matemático que es.


extras.

» Vive solo en un departamento del sector medio-bajo. El sitio está bastante descuidado; casi no tiene decoración, el papel de las paredes está cayéndose, hay manchas en el suelo y, además, tiene pésima iluminación. A él no le importa, pues casi nunca está en casa, pero ama el lugar. Es su refugio y el fruto de su esfuerzo y, para él, aunque esté mal cuidado, no hay mejor sitio.

» Tiene una adicción y dependencia a la oxicodona no prescripta y sufre de alcoholismo, lo que es muy peligroso porque ambas sustancias mezcladas pueden resultar mortales. Él insiste en que teniendo cuidado no le pasará nada.

» Uno de los efectos secundarios del narcótico es la falta de apetito. Es muy poco lo que Noah come, por lo que es muy común que su refrigerador esté vacío. Sólo lo llena cuando le da por fumar marihuana.

» A pesar de que trabaja para Winkler y atesora su puesto, su necesidad de ingresos lo lleva a conseguirse trabajos de medio tiempo en los que dura muy poco antes de cambiarse al siguiente.

» Adora a su hermana Lea como a nadie. Es un hermano sobreprotector incluso si ella no se siente cómoda al respecto; va a visitarla muy seguido para asegurarse de que esté sana y salva. No está de acuerdo con su estilo de vida y le gustaría encontrar una forma de que la deje.

» De hecho, tiene una tendencia a relacionar rasgos en ciertas mujeres con los de su hermana, así que les tiene más paciencia y tolerancia y hasta siente un impulso por protegerlas.

» Sí, trabaja para la mafia, pero eso no significa que sea un criminal o un asesino. Él se limita a hacer las cuentas, y trata de mantenerse tan alejado de la rivalidad entre grupos del crimen organizado como le es posible, pero sí pelearía a favor de Johann si fuese necesario.
» física.

Con un metro noventa de estatura, lo común es que Noah sea el más alto del grupo en que se encuentre. Posee extremidades largas y bruscas, hombros más anchos de lo habitual, un cuello grueso y musculatura que, por más que intenta, no consigue aumentar como le gustaría; se queda en abdominales acentuados y brazos robustos, con una estructura ósea bien definida. Su porte elegante no combina en absoluto con su actitud, pues jamás duda de usar su tamaño para quitar del camino a quien le estorbe o intimidar a quien moleste, a pesar de que no guarda malas intenciones, sólo muy poca paciencia. De hecho, es difícil que guarde intenciones de algún tipo, porque nada nunca le importa tanto.

Su cabello es castaño con matices rubios y constantemente se olvida de recortarlo; es por eso que lo lleva largo y casi siempre atado en una cola de caballo mal hecha o un rodete, con mechones escapándose por todas partes. No tiene idea de cómo peinarse decente, pero con quitárselo de encima y que no lo moleste se conforma, incluso si el resultado es una apariencia descuidada. Con labios delgados, nariz larga y recta y unos ojos color marrón cobrizo poco expresivos, sus facciones ocultan sus pensamientos y denotan indiferencia, mientras que las cejas finas dan la impresión de estar permanentemente trabadas en un ceño.

Algo que llama la atención respecto de su apariencia, son las heridas, moretones y bandas adhesivas que con frecuencia adornan su piel. Uno de sus pasatiempos favoritos, aunque no lo haga de manera consciente, es meterse en peleas callejeras. Por lo general se trata de simples malentendidos que se agravan y terminan bastante mal, y es que Noah no duda jamás en lanzar un puñetazo y dar batalla si siente que está siendo desafiado. Para acallar el dolor de las lesiones usa narcóticos potentes, y debido a las altas dosis que se ve obligado a utilizar producto de una tolerancia exagerada, es común verlo sedado o bajo los efectos de la marihuana. Además de estas heridas, sufre de jaquecas crónicas que lo atacan cada vez que piensa demasiado, y sí que lo hace. Tiene cierta obsesión con los números, los ve y los busca en todo lugar. Estas migrañas empeoran con sus usuales resacas, y de alguna manera los analgésicos ayudan a resolver todos esos problemas.

Sus atuendos denotan cierta informalidad, colores neutros y camisetas con cuello de pico; nada demasiado ostentoso, pues prefiere pasar desapercibido. Finalmente, como detalles, tiene un piercing en cada oreja; uno negro en el cartílago de la izquierda y una argolla en el lóbulo derecho. El tatuaje de una rosa negra se asoma desde la parte baja de su cuello. No recuerda cuándo ni cómo obtuvo las perforaciones ni el tatuaje, pero la ebriedad es la mejor pista que tiene hasta el momento.


» psicológica.

Bajo una apariencia ruda y viril, Noah es un joven complejo, indiferente y obstinado. No es anormal que a primera vista se tenga una impresión más bien negativa, pues jamás se esfuerza en agradar a otros, y su individualismo y poca empatía hacen que lidiar con él sea una tarea complicada. En su completa irreverencia es donde encuentra su orgullo: con el pasar de los años ha llegado a la paz haciendo y diciendo lo que se le venga en gana. Tiene una carencia de tacto y pudor que a menudo sorprenden o lastiman al resto, a pesar de que jamás busca herir a nadie y no es un malintencionado; pocas veces tiene una opinión fuerte sobre las cosas, pero es fácil malinterpretarlo. Es esa apatía amarga que con frecuencia lo hace verse envuelto en problemas inesperados, porque faltan personas que estén de acuerdo con su egoísmo. Esto no se le presenta como un impedimento; no es bueno observando el comportamiento ajeno y rara vez reconoce cuando ha hecho algo indebido, pero tampoco busca la aprobación de los demás. Capaz de exhibir una frialdad y un aislamiento antinaturales, sufre constantes impulsos de vagabundeo. Ha pasado toda su vida sin una figura clara de autoridad, por lo que seguir instrucciones o respetar normas no es lo normal para él; lo normal es que ignore las reglas básicas de convivencia por la misma razón.

Es dueño de una independencia plena, gusta de conseguir las cosas con su propio esfuerzo y mérito, y así evita someterse al mando de otra persona. Atesora su hogar con un respeto que roza la reverencia y es un experto en acumular dinero; nadie es más apto que él para la administración de fondos, excepto que últimamente ha tenido problemas para ahorrar por sus propios malos hábitos, que a la larga le salen muy caros. Se considera a sí mismo un tipo normal que trata de ganarse la vida y va tirando lo mejor de puede; es humilde en ese sentido. Detesta hacer desperdicios, y jamás se le verá gastando dinero o comida por el simple gusto de hacerlo; va en contra de su austeridad. A menudo olvida cuidar de sí mismo, y se molesta en demasía cuando otros intentan hacerlo por él. Cada quien a lo suyo, suele decir.

Si salió con un exabrupto cuando le preguntaron la hora o estuvo a punto de arrancarle la cabeza a alguien cuando le pidió que le pasara la sal, lo probable es que haya estado pasando por uno de sus muy frecuentes ataques de malhumor que lo llevan a odiar al mundo. Hay días en que se siente inundado de desdicha por sus habituales malas decisiones, porque pareciera que cada vez que hay que escoger entre dos opciones, él se queda con la mala. Sus emociones turbulentas y volátiles nunca le permiten la seguridad suficiente para relajarse por completo. Cuando está en sus momentos sombríos, responde mal a los estímulos positivos; la compasión es lo último que necesita. O eso cree. No es anormal que se encuentre angustiado por la terrible perspectiva que tiene de las cosas, y cuando esto sucede, se verá en la impulsiva necesidad de crear problemas y requerirá el doble de tiempo para curarse, tanto física como emocionalmente. Es inútil esperar que deje su alma al desnudo al primer día de conocerlo, pues jamás confía en los extraños y llegar a entenderlo exige una buena dosis de paciencia. Sus sentimientos están completamente protegidos de las miradas indagadoras y detesta hablar de su vida personal.

Impaciente y hasta ignorante, es dueño de una gran inteligencia. De pequeño fue bendecido con un increíble don para las matemáticas, y actualmente es un experto llevando cuentas y manejando cualquier tipo de operación. A tal nivel que le cuesta sacar su cabeza del tema, y se sorprende buscando patrones y relaciones numéricas a su alrededor a cada momento del día. Hay veces en que raya en lo obsesivo, y esto le produce dolores de cabeza difíciles de sacarse de encima. Ahí está la principal razón de su alta inasistencia a clases, ya que le es imposible prestar atención y se distrae buscando formas de vincular con números todo lo que esté en su campo de visión y se encuentra resolviendo ejercicios más avanzados. En cualquier caso, no puede soportar las cátedras, y se mantiene tan alejado de ellas como puede; excepto en época de exámenes, donde usualmente destaca. Él insiste en que las calificaciones no prueban nada, se limita a resolver los ejercicios según se lo piden, sin jactarse jamás de ello, pero tampoco molestándose en ayudar a aquellos que lo necesitan. La mayoría de sus contratiempos en la universidad recaen en esa inasistencia, de la que siempre se zafa por los pelos. Sin embargo, las pocas veces que sí está en el campus se esfuerza por mantener un perfil bajo y una buena reputación, incluso si a veces se le sale de las manos, puesto que parece tener una atracción magnética para los problemas.

Persigue acérrimo aquello que quiere, aunque a veces su estrategia se desvíe y termine moviéndose en todas direcciones, salvo hacia adelante. En su juego no hay astucia ni ingenio, más bien poca discreción y fuerza bruta. Jamás renunciará a aquello que considera suyo, ya sea su hermana, un amigo, un título o un cargo, y de una manera muy similar se conduce cuando de generosidad se trata. Noah no tiene más que cierta cantidad de tiempo, dinero y emociones para dar, y prefiere distribuirlos con prudencia. Sin embargo, su corazón es demasiado blando como para que no lo conmuevan las necesidades de la gente. Se preocupa y quiere ayudar, si es que se trata de algo que merece su atención. Pero da con cuidado un paso hacia atrás y aguarda, a ver si no hay alguien más que se le adelante. Si ya todas las otras fuentes de ayuda fallan y ninguna de ellas parece volver a materializarse, él estará obligado a salvar la situación en el último momento. Podrá ver cómo una persona se hunde dos veces, pero la sacará del agua cuando esté por hundirse una tercera, siempre y cuando le conste de que no hay otra salvación para ella. Es su forma de autopreservarse.

A pesar de ser un hombre, posee un fuerte instinto maternal. Trata a sus amigos y a los que considera como suyos con mucho cuidado y preocupación, y, si bien es casquivano y voluble, también es muy capaz de lealtad y sensibilidad. Es sólo otra faceta de su individualismo. Sus ásperas quejas y modales gruñones se suavizan lentamente hasta convertirse en un tono afable, un segundo antes de que se sofoque en el intento de ahogar una risa. Hay que entender que, aunque sus modales puedan ser bruscos y distantes, en su interior tiene sentimientos tan poderosos que lo hacen sentirse vulnerable. No es que su personalidad sea cambiante, sino que posee una periodicidad predecible y constante en su inconstancia.
I.

Noah nació un 2 de julio como el primogénito de la familia Johnson en la ciudad de Seattle, Estados Unidos. Vivía en un sector bien acomodado, sin lujos pero con un poco más de lo necesario, por lo que su infancia temprana fue pacífica y agradable. Sus padres mantenían una relación sana y se querían mucho, así como lo querían a él.

II.

El chico estaba pronto a cumplir cuatro años cuando su madre le informó de su segundo embarazo. Le tocaría convertirse en un hermano mayor responsable, según le dijo, y él no entendió muy bien lo que eso significaba. Sin embargo, meses después, cuando vio por primera vez la cara inocente de su hermana Lea, tuvo certeza de que su misión sería la de un buen hermano. Atendería y protegería a la nueva integrante de la familia como su madre le indicó que hiciese. Y en ello puso todo su empeño.

III.

La primera gran tragedia sucedió con la muerte de su madre, dos años después. Fueron días confusos, ajetreados, y Noah no recuerda mucho de ellos. La mujer había sufrido un accidente en la calle y fue trasladada rápidamente al hospital más cercano, pero incluso antes de que alcanzase a visitarla ya había fallecido, su cuerpo derrotado por las lesiones.

IV.

Un gran vacío se instaló en su pecho, uno que no hizo sino crecer. Tenía una relación muy cercana con su madre, la amaba más que a nada, y de un día a otro ya no estaba en su vida. La única forma de verla era en las fotos del vestíbulo y para estar con ella debía dejar flores en su tumba, y eso nunca terminó de hacer sentido en su mente joven. La ausencia de su padre se hizo más notoria. Debido al trabajo tenía que viajar lejos con cierta frecuencia, y eso le impedía hacerse cargo de él y de su hermana. Era fácil ver cómo el accidente lo había afectado, hundiéndolo en un luto permanente.

V.

Durante los años siguientes todo lo que alguna vez fue feliz y bueno terminó de distorsionarse. Su hermana ya tenía nueve años y era la favorita de papá. A Noah no le molestaba; si hubiese tenido que escoger entre él y Lea, la habría escogido a ella también. Lo que lo preocupaba eran los motivos. A medida que crecía se daba cuenta de cosas que antes parecían impensables: su padre era un traficante de armas. No lo ocultaba, al contrario, llegó un punto en que incluso hacía gala de ello, frente a Noah, frente a Lea. El muchacho poco a poco empezaba a hilar los hechos, y se dio cuenta de que, de cierto modo, la profesión de su padre había tenido que ver con la muerte de su madre. Aun así, no sabía cómo, y nunca tuvo el valor suficiente para investigar.

VI.

Conforme crecía, Lea era presa de la curiosidad. Se preguntaba qué había pasado con su madre, cómo era cuando estaba viva y dónde iba la gente cuando moría,. Eso le dio pie al padre para acercarse a ella y contarle sobre la mujer que amaba. Pero gran parte de lo que decía eran mentiras, historias inventadas que se empeñaban en fortalecer la esperanza de la pequeña Johnson, hacerle creer que la vida no era más que un juego y que todo estaba bien, que alguna vez volvería a encontrarse con su progenitora. Le restaba importancia al asunto, y eso provocó un cambio en Noah. La timidez, tan propia de él durante su infancia, fue lentamente convirtiéndose en ira y rencor contra el padre que le había quitado a su madre y que también planeaba arrebatarle a su hermanita. Cada vez era más evidente cómo esa muerte había hecho mella en la cabeza del hombre, dejándolo con una locura que lo llevaba a inventarse cuentos que nadie en su sano juicio creería, y que el joven consideraba una estupidez, pero que cumplían con el propósito de entretener a la pequeña Lea. Noah tampoco se atrevió a hacer algo al respecto, ni de corregir esas falsas creencias inculcadas en la menor.

VII.

El chico terminó la enseñanza obligatoria y, como era costumbre en el hogar, no planeaba seguir con sus estudios. Se había resignado a su estilo de vida; atender la casa y a su hermana con las tareas básicas hasta que su padre llegase a reclamar su tiempo de calidad con ella. Tiempo que, de ser un espacio donde le contaba historias surrealistas, se convirtió en uno donde se pasaba horas enseñándole sobre armas de fuego. Y no sólo el conocimiento teórico; también le enseñaba de puntería, a limpiarlas y recargarlas. La Johnson menor estaba camino a convertirse en una experta y Noah no iba a quedarse a mirar cómo sucedía. Consiguió un trabajo de tiempo completo, uno que le daría lo necesario para independizarse recién cumplidos sus dieciocho años.

VIII.

Su sueldo no pagaba más que un barrio de mala muerte. Estaba en las periferias de Seattle, carecía de iluminación pública y la tasa de delincuencia era la más alta del sector. Su departamento era pequeño, todo estaba comprimido, tenía poco más que una cama y se estaba cayendo a pedazos, pero le servía para estar lejos de casa. Por supuesto, la lejanía no le impidió seguir pendiente de Lea, y la visitaba con frecuencia a pesar de sus quejas. «Ya no soy una niña» y «déjame en paz, Noah» se habían vuelto frases comunes para él; frases que le dolían, pero que hacía lo mejor por ignorar. Después de todo, era su hermano mayor. Estaba haciendo lo que le correspondía hacer, lo que su madre hubiese querido que hiciera.

IX.

Vanessa era su vecina. Sus ojos eran celestes, su cabello castaño oscuro, y era la chica más hermosa que Noah había visto jamás. La primera vez que habló con ella sintió calor en el pecho y su estómago se contrajo y su boca se secó. Tenía una bonita sonrisa y mucha, mucha gentileza, y el sólo hablar con ella echaba a andar sus mejores fantasías románticas de adolescente. Vivía en el mismo piso y era apenas dos años menor que él, no tenía hermanos y sus padres eran muy amables; lo trataban como si fuese su propio hijo, y rápidamente él y la chica se volvieron cercanos. Estar con Vanessa hacía que los malos recuerdos lo abandonaran y mitigaba el rencor que tenía dentro. Podía decir que, cuando estaban juntos, era feliz.

X.

Tenía la mala costumbre de vagar por el vecindario, caminar sin rumbo; quedarse en casa le hacía mal. Lo perseguían sus obsesiones; su madre muerta, su padre loco y el futuro incierto de su hermana. Siempre acababa con dolores de cabeza y muchos malos pensamientos cuando estaba solo; trataba de evitar esas instancias tanto como le era posible.

El día que conoció a Evan Knightley es uno que no olvidará. Llegaba a su departamento después de trabajar; la noche era oscura como suelen serlo en invierno, no había gente en las calles, y de algún modo se dieron todas las variables necesarias y suficientes para que Noah fuera el blanco de un asalto a mano de un grupo de criminales de la zona. En un barrio como ese lo extraño hubiese sido que no sucediera. Pero Noah no era el tipo de persona que llevara su dinero encima, en especial porque casi todo lo gastaba en el arriendo de su piso. Hay quien recomienda no negociar ni resistirse al sufrir un asalto, no desesperar, no hablar y dar exactamente lo que se pide. El americano, ignorando eso, trató de negociar para que lo dejaran ir, explicando sus razones; no tenía nada que entregar.

Esa fue la primera vez que Noah Johnson recibió una paliza. Está grabada en su memoria, la forma en que dos de los sujetos lo sujetaban por los brazos para golpearlo, gritándole que no intentara pasarse de listo con ellos; el milagro de que un transeúnte decidiera apiadarse de él y defenderlo hasta espantar a los agresores, conmovido por la escena de violencia tan similar a la que había vivido puertas adentro con su padre.

Ese transeúnte era Evan Knightley, un chico cuatro años mayor que residía lejos en el barrio alto, pero cuya imagen y actitud coincidía mucho más con los barrios marginales. Era fuerte y valiente, y nada parecía importarle demasiado. Noah encontró en él un modelo a seguir; quería tener su fuerza, quería aprender de él. En poco tiempo se volvieron mejores amigos. Eran inseparables, se identificaban el uno con el otro, ambos de familias similares, sólo que Evan lo tenía mucho más difícil. Y Noah lo admiraba por ello.

Además de sus pasados, y quizás como consecuencia de ellos, tenían en común esa constante necesidad de escapar de la realidad. Noah no sólo adquirió lo bueno de Evan, también adquirió todos y cada uno de sus malos hábitos. Primero empezó con el alcohol y fue escalando con las drogas, suaves y fuertes. Estar borracho lo reconfortaba porque no tenía que pensar y todo parecía un chiste, y estar drogado lo hacía olvidarse de lo malo y le quitaba sus dolores de cabeza. Hacía las noches más amenas, y durante el día ya ni siquiera tenía que estar consciente si no quería estarlo. Se liberó por completo y conoció el frenesí de la vida nocturna. Nada nunca le había gustado tanto.

XI.

Con el pasar de los meses se dio cuenta de que Evan no era tan admirable como en un comienzo creyó. Era extraño, sí, puesto que su personalidad se había mimetizado con la del mayor, y pasó de ser un chico tímido y nervioso a uno indolente y problemático.

Evan le contó de su secreto: él y su hermana Emily estaban en una relación incestuosa. A Noah no le gustó esa noticia; no era lo correcto, no estaba bien. No era moral. Y mucho de lo que hacían se escapaba de los límites de la moral, pero el incesto era demasiado para él, que respetaba la institución familiar como nadie. Esa era la parte de sus valores que no había muerto todavía. Trató de convencerlo para que lo dejara y se buscara a otra mujer, le advirtió que eso, de alguna u otra manera, no iba a terminar bien. Evan no escuchó.

XII.

Pese a eso Noah seguía teniéndole un gran aprecio al muchacho, y cuando volvió a él diciéndole que su hermana había desaparecido sin dejar rastro, se condolió y le brindó su apoyo, estando siempre ahí para aquello que necesitase. Sin embargo, justo como le había sucedido a su padre, la pérdida de su amada había dejado secuelas. El mayor descendió en un espiral de excesos; alcohol, drogas, sexo. Era peor que antes, y aunque Noah no estaba de acuerdo, no lo abandonó. Pero ya no era lo mismo. La fuerza y valentía que alguna vez vio en Evan Knightley se habían esfumado, dejando atrás a un hombre triste y miserable.

XIII.

La amistad de Johnson y Knightley culminó cuando tenían 19 y 23 años, respectivamente. Habían días donde Evan estaba tan mal que Noah le ofrecía que se quedara en su departamento, pues prefería tenerlo ahí que vagando en la calle ebrio y drogado, y el mayor no quería estar en casa porque todo ahí le recordaba a Emily y lo ahogaba más en su desesperación. Ése era uno de esos días. Evan apenas estaba consciente, se encontraba muy confundido y no podía mantenerse en pie. Noah llamó a Vanessa para que lo ayudara a cuidarlo mientras él iba a comprar algo de comida para su amigo, y ese fue su gran error.

Cuando volvió al departamento se encontró a Evan abalanzado sobre Vanessa en su cama, forzándose dentro de ella con violencia. La escena tardó en hacer sentido, Noah no lo podía creer. Agarró a Evan por la poca ropa que traía puesta y lo arrojó contra la pared, sujetándolo por el cuello para inmovilizarlo y lo golpeó con toda la furia que llevaba dentro, bramando lo bajo que había caído, cómo se había convertido en alguien incluso peor que su padre, que solía abusar de su esposa y a quien tanto despreciaba.

Pronto llegó la policía alertada por alguien del edificio y se los llevó a ambos. Noah no podía contener su ira, fueron repetidas las veces en que los oficiales tuvieron que separarlo del que creía su mejor amigo. Había violado a la chica que le gustaba. A una chica inocente y pura que nada tenía que ver en el asunto. Asqueroso. Repulsivo. Al cabo de un par de horas lo dejaron ir, pero Evan tuvo que quedarse.

Lo primero que hizo al llegar a su edificio fue visitar a Vanessa. La menor estaba devastada, parecía inerte. Evan le había quitado esa luz que tenía, la sonrisa de su rostro. Noah la hizo levantarse y la llevó a comprar una pastilla que impediría un embarazo indeseado. Se hizo cargo, algo para lo que ella no tenía fuerzas de hacer por sí misma, y la llevó al hospital, donde le hicieron distintos exámenes para asegurarse de que estaba bien, y sacaron muestras que probarían a Evan como culpable del delito que cometió. Tomaron acciones legales y dentro de poco Evan tuvo que comparecer a juicio, donde sería condenado a prisión.

XIV.

La última vez que vio a Vanessa, estaba ayudando a sus padres a mover cajas al camión de mudanzas. Se acercó a hablarle. Ella fue breve con sus palabras, seguía en estado de shock, pero le dejó en claro que se iría de esa ciudad para nunca volver. Noah trató de detenerla, prometiéndole que la cuidaría, que dejaría su trabajo para dedicarse a protegerla; nada sirvió. Vanessa se mudó a otro estado junto a su familia y no volvió a saber de ella.

Pero no la olvidó, y tampoco olvidó lo acontecido. Con Evan en la cárcel y Vanessa en otra ciudad empezó a sentirse solo. Y también lo embargó la culpa. Había sido un idiota por confiar en Evan, por abrirle las puertas de su casa y, peor todavía, poner a Vanessa a su alcance. Si la violación había tomado lugar era enteramente su culpa; tuvo mil y un maneras de impedir que algo así sucediera, pero no lo hizo.

Curiosamente, se fue abajo de la misma forma que Evan con la muerte de su hermana. Se volvió por completo dependiente de sus sustancias; aumentó su consumo de alcohol y subió la dosis de sus drogas. Perder la noción del tiempo y el sentido de la realidad era lo único que lo ayudaba a sobrellevar esa angustia insoportable que se había instalado en su pecho. La misma que había sentido con la muerte de su madre, pero infinitamente peor.

XV.

Cuando Noah cumplió los veinte años, Lea ya era una francotiradora experta. Sabía todo de armas, incluso más que su padre, y eso atrajo la atención del tipo de gente que necesita personas expertas en manipularlas. Un cabecilla de la mafia, Johann Winkler, quería reclutarla para que trabajase en su equipo, y parecía muy decidido a conseguir que lo hiciera. Noah trató de disuadir a su hermana como muchas veces había hecho en el pasado, pero tampoco funcionó. Cada año lo escuchaba menos a él y más a otros. Pero Johnson era obstinado y se rehusaba a dejárselo fácil, a ella y a Winkler. Por eso la vigiló de cerca y controló cada movimiento, incluso si con eso se ganaba el odio de la menor. Él estaba haciendo su trabajo de protegerla, como no había hecho en el pasado.

Por desgracia, las cosas ya nunca salían como Noah las planeaba, y terminó amistándose con el mafioso. Descubrieron que tenían muchas cosas en común y que se agradaban mutuamente, con lo difícil que les era aceptar a terceros. Al principio Noah temía estar cayendo en lo mismo que con Evan, pero Johann era distinto. Se podía confiar en él, y a pesar de que también tenía malos hábitos, era más estable. No por nada era el jefe de su grupo. Por otro lado, Johann encontró que esa facilidad que el americano tenía con los números resultaría muy útil para sus labores, y decidió contratarlo también. Había una condición en el contrato, sin embargo; el centro de operaciones estaba en California, y debía mudarse si quería trabajar para él. Noah, tentado por el dinero que se le ofrecía y el importante lazo que empezaba a formarse, aceptó. Ya nada le quedaba en Seattle de todas formas.

XVI.

Firmó el contrato con Johann y poco después firmó el contrato de arriendo de su nuevo departamento en Rock of Ages, California. Era más grande y más cómodo que el que tenía en Seattle, y estaba en un barrio ligeramente mejor ubicado, aunque aún dejaba mucho que desear. Pero estaba conforme, movido por la promesa de un nuevo comienzo.

No obstante, todavía le faltaba firmar un tercer contrato; el que lo matricularía en la Universidad de Reckless como estudiante de Economía. Nunca pensó que terminaría haciendo algo así, pero Johann insistió en que continuar sus estudios y darle un respaldo a sus conocimientos sería lo más conveniente para él, además de que le serviría como coartada. Noah firmó bajo sus propios términos, y pronto descubrió que, como pensó, la vida de universitario no estaba hecha para él. Tomó la mala costumbre de faltar a clases para meterse en líos o quedarse durmiendo en casa, y es que las considera una gran pérdida de tiempo.


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